jueves, 14 de julio de 2011

Taller Fantasía y Ciencia Ficción: El Búnker

El Búnker

La temperatura aumentaba cada vez más. No era verano. Ni tenía ningún sistema de calefacción en aquel recinto. Al contrario, el acondicionador de aire funcionaba al máximo intentando evacuar el calor.
El recinto era un Bunker. Y yo era un revolucionario. Y la razón por la que la temperatura aumentaba era porque desde afuera un batallón de cyber-humanos estaba apuntando con lanzallamas las puertas y paredes de acero de varias pulgadas de espesor esperando que yo me rindiera o muriera rostizado.
Había pasado un par de días abajo Realizando investigaciones que pudieran servir a la causa hasta que llego el escuadrón.
La ciencia había desarrollado nuevos tipos de ayudas a la vida de las personas en los últimos 30 años. Uno de los más importantes fue la complementación humana para el desarrollo de las habilidades. Informalmente llamado CHDH. Se trataba remplazar nuestros puntos débiles con materiales más apropiados. Durante la lenta evolución del hombre el cuerpo se fue adaptando a las cambiantes necesidades que teníamos, pero ahora las necesidades comenzaban a cambiar de manera vertiginosa, y no era admisible que una persona que realice esfuerzos físicos esté limitada a la fuerza que podía hacer con sus músculos. En una época se pensó que la solución eran los robots, pero resulto que era más complicado adiestrarlos y que estos resolvieran imprevistos que hacer las cosas uno mismo. Esto llevo a implementar los robots en las personas, y los músculos eran reemplazados por sistemas eléctricos que accionaban los nuevos miembros de titanio varias veces más resistentes que nuestros viejos huesos.
Ese fue el principio, pero la naturaleza y ambición humana son desmedidas.
Como no podía ser de otra forma los gobiernos más poderosos comenzaron a pensar en usar estas ventajas con fines bélicos. Se habían armados ejércitos de humanos CHDH que tenían una capacidad muy superior a cualquier soldado, no sufrían del frio ni el calor por sus sistemas de regulación de temperatura. Eran más fuertes y más rápidos, y estaban entrenados para poder utilizar su gigantesco potencial al máximo. Pero por más que sus cuerpos tuvieran una gran ventaja sobre el mío, no podían superarme por no desarrollar lo único que solo les costaba voluntad para desarrollar. Su cerebro.
Estos nuevos ejércitos tenían una fuerza y efectividad tal que no necesitaban recurrir a bombardeos ni devastación masiva para apropiarse de los territorios que quisieran. Y la nación más grande de la tierra, los EEAA (Estados Amontonados de América) los había usados ingeniosamente para hacerse tan poderosa que ya no había manera de detenerlos. Habían comenzado celebrado alianzas con los países más importantes, para poder aplastar a las naciones pequeñas, que si bien no tenían ejércitos CHDH, poseían tecnología nuclear que seguía siendo algo de lo que preocuparse. Luego de eliminar estos ya solo quedaba traicionar las alianzas y neutralizar al resto de los países "peligrosos".
Nuestro país no estaba dentro de los países peligrosos. La peligrosidad era medida en función del nivel de armamento, posesión de armas nucleares, penetración del programa CHDH en las fuerzas armadas, agresividad del gobierno… nuestro país no tenía nada de agresivo. El gobierno se rindió y entrego la nación con poca o ninguna resistencia. Pero nuestro gobierno no era la mejor representación del pueblo, que no iba a dejarse dominar sin oponer resistencia.
Estaba divagando sobre estas y otras cosas cuando me di cuenta que ya no soportaría más la temperatura, lo que significaba que estaba a tiempo de poner en marcha mi plan. Busque mi encendedor y un poco de papel y lo encendí. El bunker contaba con un sistema de emergencia contra incendios que se accionaba con humo, y a esta altura la puerta de acero de gran espesor debe encontrarse a altísima temperaturas, en el exterior probablemente este al rojo vivo. El sistema de incendios contaba con aspersores adentro y afuera, y cuando se accionaran el chorro impactaría en la puerta y produciría una gran cantidad de vapor. Los cyborgs que mandaron a buscarme seguramente contaban con protección contra proyecciones de agua pero el vapor podría entras por donde el agua no, se colaría a sus circuitos y provocaría la falla de sus sistemas.
El papel comenzó a arder, esperé a que estuviera lo suficientemente encendido y lo agite para apagarlo. Un humo blanquecino comenzó a salir de el. La habitación comenzó a oler a humo y acerque lo mas que pude el papel al sensor.
Luego de unos segundos se escucho un pitido y los aspersores abrieron y dejaron caer el agua. El murmullo que escuchaba en el exterior se detuvo por un momento y luego continuó. Esperaría unos minutos y abriría la puerta para enfrentar mi destino y comprobar si mi plan había funcionado o no.
De momento disfrutaría la fresca sensación que me proporcionaba el agua, que era un gran alivio frente a la situación límite a la que había llegado. ES increíble como uno puede sentir placer hasta en las situaciones más críticas.
Entonces escuche una especie de grito, de orden quizá. Este era el momento, seguramente los sistemas habían comenzado a fallar y el escuadrón comenzaba a entrar en pánico me dirigí al comando de la puerta, tome aire y lo pulse.
La puerta abría lentamente, luego de un par de segundos el vapor comenzó a entrar a la habitación y la lleno por completa de inmediato. La cantidad de vapor que se había generado era enorme. Si sus sistemas no habían fallado al menos podría intentar escapar aprovechando la densa niebla que se había formado. Tome valor Camine hacia fuera. Tenía ganas de correr pero no quería tropezar con alguno de ellos. Paso a paso me interne por el pasillo a través de la niebla. Mi respiración era difícil a causa del vapor y el calor.
Luego de realizar unos 6 o 7 pasos la niebla se abrió por una corriente de aire para dejar en descubierto un rostro. El terror me invadió por unos interminables segundos hasta que advertí la mueca que este expresaba mientras miraba para abajo al notar que su cuerpo no le respondía. ¡El plan había funcionado!
El soldado levanto la mirada, comprendió que era yo y comenzó a articular unas palabras. Pero antes de que termine su frase yo ya había comenzado a correr desaforado hacia la salida, ya sin importarme nada. Empujaba sus pesados cuerpos inertes a un costado mientras recorría el par de curvas del pasillo antes de la escalera que me dirigiría a la superficie.
Mientras subía la escalera todavía escuchaba los gritos inútiles del escuadrón vociferando órdenes y maldiciones.
Llegue a la superficie todo empapado para contemplar el panorama de lo que se había transformado la ciudad en el tiempo que me encontraba abajo.
Pase lo que pase ya había logrado una victoria. La guerra podía estar lejos de acabar pero al menos esta batalla había sido mía.


Ignacio Esteban Giménez
Publicar un comentario